Doctora. Lizbeth Itzel Sandoval Olivares
La pasión por transformar vidas a través de la Neurocirugía
Vocación, disciplina y una vida dedicada al cerebro humano
Hablar de la Doctora. Lizbeth Itzel Sandoval Olivares es hablar de vocación, perseverancia y una profunda pasión por la medicina. Especialista en Cirugía Neurológica con alta especialidad en Neurocirugía Funcional, Estereotaxia y Radiocirugía, su trayectoria ha estado marcada por el deseo constante de aprender, perfeccionarse y ofrecer a sus pacientes alternativas terapéuticas que transformen su calidad de vida.
Desde muy joven comprendió que la medicina sería el camino al que dedicaría su vida. Más que una decisión racional, considera que fue una vocación innata.
“La vocación no puede explicarse; simplemente se tiene. Es algo con lo que se nace y que necesita el entorno adecuado para desarrollarse.”
Su historia también estuvo influenciada por el ejemplo de su padre, neurocirujano de profesión. Sin embargo, aclara que nunca existió una presión familiar para seguir sus pasos. Por el contrario, fue observar diariamente su entrega, compromiso y pasión por la profesión lo que despertó en ella el deseo de convertirse en médica.
El descubrimiento de la cirugía
Durante la licenciatura en Medicina fue construyendo, poco a poco, el camino que definiría su futuro profesional. La influencia de grandes maestros fue determinante para despertar su interés por las especialidades quirúrgicas.
Sin embargo, el momento decisivo llegó cuando cursó la asignatura de Neurología en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. Ahí descubrió un universo completamente nuevo.
El contacto con los residentes, la dinámica hospitalaria y el nivel académico despertaron una enorme admiración por las neurociencias.
Aceptar uno de los mayores retos de la medicina
La Neurocirugía es reconocida como una de las especialidades más exigentes de la medicina, tanto por la complejidad técnica como por el largo proceso de formación que requiere.
Para la Dra. Sandoval, asumir ese reto fue posible gracias al respaldo incondicional de su familia.
Cuando compartió con su padre la decisión de dedicarse a la Neurocirugía, él comenzó a llevarla al quirófano para observar procedimientos. Lejos de intimidarla, cada cirugía aumentaba su entusiasmo y fortalecía la certeza de haber elegido correctamente.
Como parte de la formación médica, antes de ingresar a la residencia en Neurocirugía realizó un año de Cirugía General. Durante ese periodo tuvo la oportunidad de conocer múltiples áreas quirúrgicas y observar cómo algunos de sus compañeros decidían cambiar de especialidad. En su caso ocurrió exactamente lo contrario: aquella experiencia reforzó definitivamente su deseo de convertirse en neurocirujana.
Los desafíos de la residencia
Los primeros años dentro de la residencia representaron uno de los periodos más demandantes de su carrera.
Las extensas jornadas hospitalarias, el elevado volumen de pacientes y la enorme responsabilidad que implica la atención neuroquirúrgica exigían disciplina absoluta. No obstante, reconoce que precisamente esa intensidad fue la que le permitió adquirir experiencia clínica y desarrollar habilidades que hoy forman parte de su práctica diaria.
El verdadero comienzo de la práctica médica
“Durante la formación como residente, la mayoría de los pacientes llegan ya con un diagnóstico establecido y bajo la supervisión constante de profesores con amplia experiencia. En la práctica independiente ocurre exactamente lo contrario”.
Ahora es el especialista quien debe construir el diagnóstico desde el inicio, interpretar cada síntoma, decidir los estudios necesarios y asumir completamente la responsabilidad del tratamiento.
También cambia la relación con el paciente. Durante la residencia, el médico adscrito comparte las decisiones y la comunicación con la familia. En la práctica profesional ya no existe esa figura de respaldo: el neurocirujano es quien responde directamente por cada decisión médica y quirúrgica.
La experiencia transforma la manera de operar
Con el paso de los años, la Dra. Sandoval reconoce que su forma de entender la Neurocirugía ha evolucionado profundamente.
Al terminar la especialidad, el deseo de operar era constante. La emoción por realizar procedimientos complejos era enorme. Sin embargo, la experiencia le enseñó que el entusiasmo debe ir acompañado siempre de prudencia y criterio clínico.
Cada caso, cada acierto y cada complicación representan oportunidades de aprendizaje. La verdadera experiencia no consiste únicamente en evitar errores, sino en saber responder correctamente cuando aparecen y utilizar esas vivencias para ofrecer una mejor atención en el futuro.
Hoy su prioridad ya no es operar por operar, sino seleccionar cuidadosamente a los pacientes que realmente obtendrán un beneficio con una intervención quirúrgica.
Su visión también ha cambiado respecto al uso de la tecnología. Durante su formación aprendió a trabajar con recursos limitados, desarrollando habilidades quirúrgicas sólidas desde lo más básico. Esa experiencia le permitió comprender que la tecnología nunca sustituye al conocimiento.
No obstante, también reconoce que los avances tecnológicos han revolucionado la Neurocirugía moderna. Utilizados correctamente, permiten disminuir tiempos quirúrgicos, mejorar la precisión de los procedimientos y aumentar la seguridad para los pacientes.
Finalmente, otro aprendizaje importante ha sido comprender el enorme valor del trabajo multidisciplinario.
Neurocirugía Funcional: una nueva forma de devolver calidad de vida
Dentro de las distintas ramas de la Neurocirugía, la Dra. Lizbeth Itzel Sandoval Olivares decidió enfocar su práctica en una de las áreas más especializadas y de mayor crecimiento en la actualidad: la Neurocirugía Funcional.
Esta subespecialidad está dirigida al tratamiento de padecimientos que alteran el funcionamiento del sistema nervioso sin que necesariamente exista una lesión visible en los estudios de imagen. En la mayoría de los casos, explica la especialista, las resonancias magnéticas no muestran alteraciones anatómicas evidentes; el diagnóstico se establece principalmente mediante la evaluación clínica y una exploración neurológica minuciosa.
Entre las enfermedades que atiende con mayor frecuencia se encuentran la enfermedad de Parkinson, las distonías y la epilepsia. Asimismo, esta rama de la Neurocirugía permite realizar procedimientos con el paciente despierto cuando las condiciones clínicas así lo requieren y aplicar diversas técnicas para el manejo del dolor.
Aunque muchos de estos padecimientos no tienen una cura definitiva, los avances en Neurocirugía Funcional han permitido mejorar de manera significativa la calidad de vida de miles de pacientes. En el caso de los trastornos del movimiento, como la enfermedad de Parkinson y las distonías, el objetivo es controlar los síntomas y devolver independencia al paciente. En epilepsia, dependiendo del origen y las características de la enfermedad, algunos pacientes incluso pueden alcanzar la curación mediante un tratamiento quirúrgico adecuado.
La incidencia de estas enfermedades continúa creciendo. La epilepsia afecta aproximadamente entre el uno y el dos por ciento de la población mundial, mientras que la enfermedad de Parkinson se presenta en alrededor del cinco por ciento de las personas mayores de 65 años, cifras que reflejan la importancia de contar con especialistas altamente capacitados en este campo.
Radiocirugía: precisión al servicio del paciente
Otro de los pilares de su práctica médica es la Radiocirugía, una herramienta terapéutica que con frecuencia genera dudas entre los pacientes debido a su nombre.
La Dra. Sandoval explica que, a diferencia de una cirugía convencional, este procedimiento consiste en administrar una dosis muy alta de radiación dirigida con extrema precisión hacia una zona específica del cerebro, preservando al máximo el tejido sano que la rodea. Generalmente se realiza en una sola sesión, aunque en algunos casos puede dividirse hasta en cinco aplicaciones.
Lejos de sustituir siempre a la cirugía, la Radiocirugía suele complementar procedimientos neuroquirúrgicos complejos.
Un ejemplo frecuente ocurre en pacientes con tumores de base de cráneo. Cuando la resección completa implicaría un riesgo elevado para funciones neurológicas esenciales o incluso para la vida del paciente, el neurocirujano puede retirar la mayor parte del tumor y utilizar posteriormente la Radiocirugía para tratar el tejido residual, disminuyendo así la necesidad de una nueva intervención.
También representa una excelente alternativa terapéutica en determinadas malformaciones arteriovenosas cerebrales, especialmente cuando una cirugía abierta o un tratamiento endovascular implican riesgos demasiado elevados.
Aunque el término “radiación” suele generar preocupación, la especialista señala que este procedimiento ofrece perfiles de seguridad comparables e incluso favorables frente a algunas cirugías tradicionales, especialmente al reducir riesgos como el sangrado y evitar procedimientos de gran complejidad.
La tecnología que está transformando la Neurocirugía
Para la Dra. Sandoval, uno de los avances más revolucionarios de los últimos años ha sido la neuromodulación cerebral profunda, también conocida como estimulación cerebral profunda.
Esta técnica consiste en colocar electrodos en estructuras profundas del cerebro conectados a un generador de impulsos eléctricos implantado en el paciente. Dichos impulsos modifican la actividad de circuitos neuronales específicos, permitiendo controlar síntomas asociados a diversas enfermedades neurológicas.
Sin embargo, el verdadero cambio ha llegado con la evolución tecnológica de estos dispositivos.
Los primeros sistemas contaban con un número limitado de contactos eléctricos y distribuían la estimulación de manera uniforme. Los dispositivos actuales ofrecen un mayor número de contactos independientes, permitiendo dirigir la corriente con una precisión mucho mayor y personalizar el tratamiento según las necesidades de cada paciente.
Gracias a esta innovación, hoy es posible tratar pacientes que hace algunos años no eran candidatos a cirugía y obtener resultados considerablemente superiores.
Inicialmente esta tecnología se desarrolló para el tratamiento de trastornos del movimiento; sin embargo, actualmente también ha demostrado excelentes resultados en pacientes con epilepsia.
Uno de los momentos más significativos de su trayectoria profesional fue convertirse en la primera especialista en México en implantar esta nueva generación de electrodos, contribuyendo a introducir esta tecnología en beneficio de pacientes con enfermedades neurológicas complejas.
El respeto por cada decisión del paciente
A lo largo de los años, numerosos casos clínicos han marcado su carrera.
Cada uno le ha dejado enseñanzas distintas, pero existe una que considera especialmente importante y que transmite constantemente a sus alumnos: el respeto absoluto hacia las decisiones de los pacientes.
La especialista enfatiza que ninguna cirugía debe imponerse. Cada procedimiento implica riesgos, beneficios y circunstancias individuales que deben analizarse cuidadosamente junto con el paciente y su familia.
Escuchar, informar y respetar la decisión de cada persona constituye, para ella, uno de los principios fundamentales del ejercicio médico.
El humanismo como mayor legado
Después de años de preparación, cientos de procedimientos y una trayectoria consolidada, la Dra. Lizbeth Itzel Sandoval Olivares tiene claro cuál desea que sea su mayor legado.
Más allá de la técnica, la tecnología o los avances científicos, considera que el médico nunca debe perder el humanismo que da sentido a la profesión.
Recuerda que todos los médicos inician su formación bajo principios éticos y humanistas; sin embargo, reconoce que la intensidad del ejercicio profesional, especialmente en especialidades altamente demandantes como la Neurocirugía, puede hacer que esa esencia se debilite con el tiempo.
Por ello, procura transmitir con su ejemplo que la excelencia médica siempre debe ir acompañada de empatía, respeto y cercanía con el paciente.
Su legado también está dirigido a las mujeres que sueñan con convertirse en neurocirujanas.
En una especialidad donde la presencia femenina continúa siendo minoritaria, desea demostrar que es posible desarrollar una carrera de alto nivel sin renunciar a la vida personal y familiar.
Con su trayectoria busca inspirar a las nuevas generaciones para que vean en ella un ejemplo de que la Neurocirugía también puede construirse desde la perspectiva de una mujer, con disciplina, preparación, liderazgo y compromiso.
Porque, al final, formar médicos con excelencia científica y profundo sentido humano será siempre una de las mayores contribuciones que un especialista puede dejar a la medicina.
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